Leo hoy con sumo interés la magnífica entrevista que en la web oficial de Virtual Kingdom publicaron sobre Raquel Romero-Rubio, Ganadora del Concurso Fotográfico, y una de las figuras políticas más relevantes en la historia del Ducado Hessiano.
En la entrevista se plantean ideas muy filosóficas y profundas sobre nuestro movimiento político, el micronacionalismo hispano. Desde una perspectiva global Raquel analiza los diferentes movimientos antimacroestatistas que hay en el mundo hispano hoy en día y su posible evolución futura, y no deja de sorprender algunas de sus posturas respecto a esto mismo.
Creo que la señora Romero-Rubio ha dado en el Talón de Aquiles del euromicronacionalismo típicamente conservador cuando afirma lo siguiente:
"Si la micronación quiere ser reconocida por las micronaciones, se produce la conversión de micronación a macronación. Entonces, tal micronación luchará por conservar su existencia recién reconocida o en procedimiento de serlo, y tendrá que recurrir a las “razones de Estado” de Maquiavelo, tan necesarias para preservar una macronación."
Es bien cierto que el micronacionalismo llegado de Europa es de raíz netamente somatista, profundamente ligado a valores como el Estado Físico, y la lucha por el reconocimiento macroestatista de las posiciones secesionistas. No obstante podríamos puntualizar que la evolución aportada desde el surgimiento del digitalismo, primero con Abraham Jasbleidy y su famosa Declaración en 2007, más adelante a través de Luis Saint-Meran y su Protocolo en 2008 así como al final con el surgimiento definitivo del neodigitalismo en 2009, han marcado pautas de diferenciación entre los modelos micronacionalistas primitivos y los modernos.
En este sentido podría hacerse autocrítica por parte de quienes en algún momento de nuestra trayectoria micronacionalista hemos estado ligados a posturas somatistas conservadoras, quizá deberíamos evolucionar hacia algo más moderado como plantea Raquel, un micronacionalismo como movimiento libertario y autónomo, al más puro estilo de micronaciones como Prusia, Aguamarina y similares.
Pero también existe la alternativa que llevamos defendiendo muchos desde nuestros comienzos; que el micronacionalismo es la forma de construcción de un país al que nadie te obliga a pertenecer y por consiguiente no genera frustraciones y la democracia representativa - como la conocemos en Timeria o Sarre - funciona claramente mejor que en un macroestado.
Claro que en lo que todos deberíamos converger con Raquel es que debemos ir hacia la autosuficiencia cada vez más y a depender cada vez menos de los macroestados.
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